domingo, 19 de octubre de 2014

Emprendedorismo

www.parati.com.ar


EMPRENDEDORISMO


La entrevista que leímos  nos pareció muy interesante porque esta emprendedora comenzó con su idea y la llevó a cabo en un contexto económico social -histórico sumamente complejo del país, sin embargo en su discurso vemos reflejadas las características que los describen y las habilidades para movilizar sus competencias a fin de ir al encuentro de su visión.

Liliana Lampuri/Elementos Esenciales.

Abandonó su trabajo como publicitaria para poner en marcha el mayor de sus sueños: crear una marca de cosmética. "En abril de 2001 renuncié a la agencia donde trabajaba, pensando en lanzar una empresa propia, para cumplir un sueño y para estar más tiempo con mi hijo.… En octubre de ese año abrí mi primer local de Elementos Esenciales"”, relata Liliana Lampuri sin titubear, y aclara que para montar la empresa convocó a su hermano –doctor en bioquímica– y se apoyó mucho en su actual marido, que le organizó la parte logística. “"Invertí todos mis ahorros y no me amilané, aún cuando mi papá me preguntaba si estaba loca. Estaba convencida de que no llegaría a los 50 sintiendo que no había tenido las agallas de hacer lo que mi instinto y mi corazón me dictaban. Te puedo asegurar que al ver mi seguridad mi padre enseguida me apoyó"”. Tampoco se dejó amedrentar por la situación que vivía por aquel entonces el país. “Ese era mi momento y yo lo iba a hacer. "Increíblemente la crisis me jugó a favor. Cuando las empresas grandes comenzaron a huir del país, me vinieron a buscar del shopping Unicenter –que antes me habían rechazado porque no tenían lugar para darme– para ofrecerme un stand”, eso no me hizo caer". Paralelamente, también la convocaron de Galerías Pacífico. “"Era un acto arriesgado abrir el segundo local, pero yo  jamás me achiqué. No digo que fue fácil, y había días en que no paraba de llorar. En lugar de tener la mente ocupada en pensar los productos que lanzaría al mes siguiente me la pasaba en interminables colas en los bancos y haciendo malabares para pagar los impuestos que me cobraban antes de haber vendido mi primera crema"”, cuenta casi sin respirar pero también con una sonrisa, esa que transmite que a pesar de todos los inconvenientes ella logró salir adelante. “"Para emprender un negocio en un momento tan agobiante como aquél hay que tener un tipo de personalidad que te permita ver el bosque y no el árbol. Te puedo asegurar que mi corazón está más que feliz. Mi objetivo nunca fue el dinero sino poder cumplir un sueño y te puedo asegurar que me siento más que satisfecha"”, cierra orgullosa, a punto de inaugurar su 15º local (cuatro propios y once franquicias).

martes, 14 de octubre de 2014

Empresas Familiares-Sanchez

Clarín.com.   Suplemento Mujer 10/10/2014

La nota, aunque es corta, acentúa palabras como "confianza, lealtad, espacios que se confunden...." 
Como vimos en la cátedra son características presentes en las empresas familiares, por eso nos pareció interesante compartirla.
                                         



                                       María Rivolta: "Crecieron viéndome con los accesorios"


María Rivolta y sus hijas, la diseñadora celebra 25 años en la moda con su empresa familiar. 
María es la creativa pero siempre escucha la opinión de sus hijas, Inés y Martina.

Con 25 años de trayectoria en la moda, María Rivolta es una empresa familiar ya que comparte su pasión con sus hijas. “Crecieron viéndome trabajar con los accesorios y su participación se dio de manera espontánea. Martina comenzó ayudándome en la venta al público, pero también colaboró en marketing, prensa y diseño durante las vacaciones de la facultad y hasta los fines de semana. Inés, la menor, empezó apenas se recibió de licenciada en Administración de Empresas y lo suyo siempre fueron los números”, cuenta la diseñadora mientras posa con sus hijas anticipando el Día de la Madre.
¿Podrían decirme las ventajas y las desventajas de trabajar juntas?
Martina: Las ventajas tienen que ver con la confianza de sentir el respaldo de la familia. A veces los espacios se confunden y los asuntos laborales traspasan los horarios laborales.
María: Con el tiempo aprendimos a cuidar esos espacios, es cuestión de prestar atención.
Hay muchas marcas familiares en la moda...
María: Supongo que es una industria con pocas barreras de entrada. Para empezar, no es necesario tener experiencia o estudios super avanzados... Y a la vez se puede crecer mucho.
Inés: Incluso creo que para que funcione el concepto de una marca de moda, tiene que estar super claro dentro de la organización, y en una familia esto se da naturalmente.
¿Qué rol tienen los hombres en la empresa?
Inés: Están más enfocados al área comercial, a las ventas, a la relación con las franquicias.

¿Cómo manejan el tema de las diferencias generacionales? Imagino que las más jóvenes querrán lo más transgresor y María quizás lo más clásico.
María: Sí, pero esa dinámica es la más valiosa. 
Los más jóvenes proponen todo el tiempo, yo tomo lo que resuena conmigo y lo que, por experiencia, sé que funciona. A veces, si veo mucho entusiasmo, me dejo convencer. por ejemplo con el dije cuadrado de metal con esmalte y una cadena de víbora.
¿Quién tiene la última palabra?
Martina: Las decisiones generalmente son por consenso. Es muy raro que se decida algo si no hay mayoría.
¿Qué tipo de bijouterie eligen las argentinas?
Martina: Los anillos con esmalte les encantan. Hace unos años que muchas nos buscan por los relojes; pero creo que siempre se acercan por un clásico y se tientan con algo más.
¿Somos ingeniosas las argentinas con la bijou?
Martina: Sí, a diferencia de otros países, acá vemos que hay una interpretación más interactiva.
María: Incluso recibimos muchas propuestas de nuevos diseños de parte de nuestras clientas.
¿Cómo explican el fenómeno del uso de accesorio que se fue dando en los últimos años?
Inés: No creo que hoy se usen más accesorios que antes, creo que los accesorios que la gente elige son más osados; tal vez por eso nos llama más la atención.

viernes, 3 de octubre de 2014

Trabajo y subjetividad/ Schvarstein


El texto de Schvarstein, nos recordó este libro, el cual, nos convoca a problematizar la relación que los seres humanos tienen con el trabajo a comienzos del siglo XXI y a preguntarnos si es posible diseñar e instalar nuevas formas de organización del trabajo, por ende, también, nuevas formas de relación y de configuraciones sociales.
La fragmentación se materializa en diversas formas de organizar ¿o agonizar? en el trabajo.


¿Quién habla? "Lucha y explotación del alma en los call centers” es un libro de Tinta Limón que explica en qué consiste ese trabajo-símbolo de los nuevos modos de explotación donde importa más la obediencia que la productividad, y las relaciones laborales son meras formas de domesticación.
¿Quién habla? se interroga sobre qué significan estas relaciones que imponen empresas dedicadas a la venta de productos inútiles que se ofrecen a través de un ejército de trabajadores sometidos por una verdadera ingeniería de control.
A través de su lectura, ¿Quién habla? responde a la pregunta que nos plantea desde el título y el dibujo de portada con la frase de Walter Benjamín: " Lenguaje incomparable de la calavera: la inexpresividad total-la negrura de sus cuencas- unida a la más salvaje de las expresiones- la sonrisa sarcástica de la dentadura-.
En sus páginas leemos a quienes ingresaron a esa realidad oculta bajo extrañas palabras, charlando sobre lo cotidiano de su dolor; detallando la geografía de esos continentes sumergidos (“la empresa hizo una pared de 25 metros para dividir un call center de 100 metros en dos lugares: el Norte y el Sur, como la división del mundo”. Y en ese Sur -al que un gerente bautiza “Camboya”- confinan a los delegados y activistas.); pero también las formas que idearon de resistencia y sus consecuencias impredecibles: a una protesta le siguió, por ejemplo, el fin del trabajo.“Nos quitaron por completo todas las llamadas. Aprendimos a jugar al TEG, a tejer o a coser. No hay literalmente nada para hacer”.
En “¿Quién habla?” hay muchas voces. Todas y cada una desfilan como un relato coral, hasta desparramar las piezas de ese universo que hoy se llama call center: 
Al colectivo que ha realizado este libro lo impulsa, fundamentalmente, una necesidad: ser escuchados. Es por eso que ofrecen, también, el libro en formato pdf y suman su página, con la intención de que se multipliquen los canales de reproducción de estas voces.  

Todo lo que detalla el libro podemos relacionarlo con lo que dice Schvarstein: "Las relaciones entre el actor y el personaje y la distancia de rol dan cuenta de la dialéctica que es fundante de la subjetividad del sujeto en situación de trabajo. Subjetividad del sujeto sujetado por la organización, la cual, aparece siempre en posición de restricción; al sujeto que se sujeta cuando no encuentra el espacio para expresar su dimensión humana en la organización; pero incluyo al sujeto productor, actor que impulsa al personaje a salirse de los límites que le impone la organización, actor que reflexiona acerca de las características del personaje y lo mejora y de esta manera enriquece a la organización; porque la autonomía conlleva a la vigencia de un proyecto organizacional articulado con el propio desarrollo del sujeto y la dependencia conduce a la ausencia de un proyecto y a una falta de libido puesta en la organización, expresiones ambas de un sujeto en retirada".


Bauman: Mundo on-line y off-line

“Vivimos en dos mundos paralelos y diferentes: el online y el offline”

En un mundo comandado por la incertidumbre los avances tecnológicos posibilitan la expansión de las fronteras y también invitan al ser humano a adquirir nuevas formas de comunicación.
El mundo on-line facilita la velocidad de la vida moderna pero también ayuda a evitar el encuentro con la diversidad: elaborar la forma de cohabitar con otros mediante el diálogo parecería ya no ser necesario.
Bauman expresa en este artículo su perspectiva respecto a estas cuestiones y nos plantea: “Nunca en la historia humana hubo tanta comunicación como hoy pero esta comunicación no desemboca en el diálogo, que es el desafío cultural más importante de nuestro tiempo”

Nos preguntamos: ¿El desafío cultural del diálogo va de la mano con los objetivos de la tecnología? ¿Cuáles serían los “valores” de la tecnología que en apariencias excluyen al diálogo como un factor para su desarrollo?
Paradójicamente Bauman habla de “nuestro tiempo” como si fuera posible establecer un consenso y pensar en algo nuestro en esta época en que lo único permanente y compartido es el cambio y la incerteza.




Zygmunt Bauman. Sociólogo y filósofo
Hemos llegado a un punto en el que pasamos más tiempo frente a pantallas que frente a otras personas y eso tiene efectos perturbadores que no solemos percibir, dice este pensador.
En un mismo tono de voz e igual grado de expresividad, Zygmunt Bauman, el sociólogo más influyente de las últimas décadas, hace chistes sobre su sordera y reflexiona sobre la doble vida -online y offline- que, según él, define nuestra modernidad. “Venga de este lado –y señala el audífono escondido en su oído izquierdo- así puedo escuchar algo de lo que usted me diga y conversamos”, dice en una terraza de Lignano Sabbiadoro, el refinado balneario de la costa friulana, cerca de Udine, hasta donde Bauman vino a recibir el Premio Hemingway en la categoría Aventura del Pensamiento. Acaba de guardarse la pipa en el bolsillo. Tiene todavía en la mano dos encendedores y el paquete de tabaco Clan Aromatic, un blend de catorce tabacos diferentes elaborado en Holanda.
¿Qué aspecto de la vida moderna le hace perder el sueño últimamente?
Bueno, trato de simplificar y de encontrar un denominador común en lo que pienso y en lo que digo porque vivimos en un mundo problemático y lo que subyace en común en todas las manifestaciones de los inconvenientes de estos tiempos es la fluidez, la liquidez actual que se refleja en nuestros sentimientos, en el conocimiento de nosotros mismos.
Bauman ya era un sociólogo prestigioso cuando lanzó su concepto líquido -esa idea de inconsistencia que para definir el mundo que nos rodea aplicó a la vida, al amor y a la modernidad- que le valió notoriedad mediática y popular: “Elegí llamar ‘modernidad líquida’ a la creciente convicción de que el cambio es lo único permanente y la incerteza la única certeza –dice él-. La vida moderna puede adquirir diversas formas, pero lo que las une a todas es precisamente esa fragilidad, esa temporalidad, la vulnerabilidad y la inclinación al cambio constante”.
¿Seguimos dominados por la incertidumbre?
La incertidumbre es nuestro estado mental que está regido por ideas como “no sé lo que va a suceder”, “no puedo planificar un futuro”. El segundo sentimiento es el de impotencia, porque aun cuando sepamos qué es lo que debemos hacer, no estamos seguros de que eso vaya a ser efectivo: “no tengo los recursos, los medios”, “no tengo el poder suficiente para encarar el desafío”. El tercer elemento, que es el más dañino psicológicamente, es el que afecta la autoestima. Uno se siente un perdedor: “no puedo mantenerme a flote, me hundo”, “son los demás los exitosos”. En este estado anímico de inestabilidad, maníaco, esquizofrénico, el hombre está desesperado buscando una solución mágica. Uno se vuelve agresivo, brutal en la relación con los demás. Usamos los avances tecnológicos que, teóricamente deberían ayudarnos a extender nuestras fronteras, en sentido contrario. Los utilizamos para volvernos herméticos, para cerrarnos en lo que llamo “echo chambers”,un espacio donde lo único que se escucha son ecos de nuestras voces, o para encerrarnos en un “hall de los espejos” donde sólo se refleja nuestra propia imagen y nada más.
¿Dónde lo pasamos mejor, online u offline?
Hoy vivimos simultáneamente en dos mundos paralelos y diferentes. Uno, creado por la tecnología online, nos permite transcurrir horas frente a una pantalla. Por otro lado tenemos una vida normal. La otra mitad del día consciente la pasamos en el mundo que, en oposición al mundo online, llamo offline. Según las últimas investigaciones estadísticas, en promedio, cada uno de nosotros pasa siete horas y media delante de la pantalla. Y, paradojalmente, el peligro que yace allí es la propensión de la mayor parte de los internautas a hacer del mundo online una zona ausente de conflictos. Cuando uno camina por la calle en Buenos Aires, en Río de Janeiro, en Venecia o en Roma, no se puede evitar encontrarse con la diversidad de las personas. Uno debe negociar la cohabitación con esa gente de distinto color de piel, de diferentes religiones, diferentes idiomas. No se puede evitar. Pero sí se puede esquivar en Internet. Ahí hay una solución mágica a nuestros problemas. Uno oprime el botón “borrar” y las sensaciones desagradables desaparecen. Estamos en proceso de liquidez ayudada por el desarrollo de esta tecnología. Estamos olvidando lentamente, o nunca lo hemos aprendido, el arte del diálogo. Entre los daños más analizados y teóricamente más nocivos de la vida online están la dispersión de la atención, el deterioro de la capacidad de escuchar y de la facultad de comprender, que llevan al empobrecimiento de la capacidad de dialogar, una forma de comunicación de vital importancia en el mundo offline.
Si nos sentimos cómodos conectados, ¿para qué nos haría falta recuperar el diálogo?
El futuro de nuestra cohabitación en la vida moderna se basa en el desarrollo del arte del diálogo. El diálogo implica una intención real de comprendernos mutuamente para vivir juntos en paz, aun gracias a nuestras diferencias y no a pesar de ellas. Hay que transformar esa coexistencia llena de problemas en cooperación, lo que se revelará en un enriquecimiento mutuo. Yo puedo aprovechar su experiencia inaccesible para mí y usted puede tomar algún aspecto de mi conocimiento que le sea útil. En un mundo de diáspora, globalizado, el arte del diálogo es crucial. La diasporización es un hecho. Estoy seguro de que Buenos Aires es una colección de diversas diásporas. En Londres hay 70 diásporas diversas: étnicas, ideológicas, religiosas, que viven una al lado de la otra. Transformar esta coexistencia en cooperación es el desafío más importante de nuestro tiempo. Diálogo significa exponer las propias ideas aun asumiendo el riesgo de que en el transcurso de la conversación se compruebe que uno estaba equivocado y que el otro tenía razón. El mejor ejemplo lo ha dado su Papa, el Papa argentino: apenas asumió, Francisco concedió su primera entrevista a Eugenio Scalfari, decano de los periodistas italianos y ateo confeso, y a un diario anticlerical como es La Repubblica.
¿La vida online es un refugio o un consuelo a esa falta de diálogo?
Hallamos un sustituto a nuestra sociabilidad en Internet y eso hace más fácil no resolver los problemas de la diversidad. Es un modo infantil de esquivar vivir en la diversidad. Hay otra fuerza que actúa en contra y es el cambio de situación en la regulación del mercado del trabajo. Los antiguos lugares de trabajo eran ámbitos que propiciaban la solidaridad entre las personas. Eran estables. Eso cambió hoy con los contratos breves y precarios. Las condiciones inestables, fluctuantes y sin perspectivas de carrera no favorecen la solidaridad sino la competencia. Estos dos factores no incentivan a la gente para el diálogo. Soy una persona ya mayor y creo que me voy a morir sin ver este problema resuelto.
Surgen en distintos lugares del mundo, sin embargo, procesos de autoorganización social desde abajo. Vecinos que se autogestionan para resolver problemas como la inseguridad o para recuerar la sociabilidad perdida. ¿Es una alternativa o un paliativo?
Lo que usted señala es muy importante. Es crucial para la actual situación porque todas las instituciones de acción colectiva que heredamos de nuestros ancestros, aquellos que desarrollaron las bases de la democracia moderna como el poder tripartito, el parlamento en las democracias representativas, las elecciones, la Corte Suprema, ya no funcionan adecuadamente. Todas estas instituciones tenían una única y misma idea en mente: establecer las reglas de la soberanía territorial. Pero vivimos en condiciones de globalización, lo que significa que nadie es territorialmente independiente. Ningún gobierno hoy puede decir que tiene pleno control de la situación porque se vive en un mundo globalizado donde los mercados, las finanzas, el poder, todo está globalizado. Entonces, aquellas instituciones que una vez fueron efectivas en establecer la independencia territorial para un mejor desarrollo del Estado moderno, hoy son inservibles para afrontar el tema de la interdependencia a la que nos enfrenta la globalización.
¿Los gobiernos son ciegos o necios al punto de no admitir la globalización?
Proponen soluciones locales a problemas globales. No se puede pensar con esta lógica. Es preciso desarrollar soluciones que renieguen de las fronteras territoriales del mismo modo que lo han hecho los bancos, los mercados, el capital de inversiones, el conocimiento, el terrorismo, el mercado de armas, el narcotráfico.
¿Y eso daría origen a las nuevas formas de autoorganización?
Surgen proyectos interesantes como Slow Food o Médicos Sin Fronteras. Jeremy Rifkin (economista y teórico social estadounidense) escribió un libro que se publicó el año pasado - The Zero Marginal Cost Society. The Internet of Things, The Collaborative Commons, and the Eclipse of Capitalism (El costo social cero. La Internet de las cosas, los bienes comunes colaborativos y el eclipse del capitalismo)- donde señala que una nueva realidad está emergiendo aún inadvertida por la opinión pública. Los mercados competitivos están siendo reemplazados por lo que él denomina “collaborative commons” , el bien común colaborativo, donde la gente no busca la ganancia personal sino la cooperación, reunir fuerzas y compartir. Compartir conocimiento, recursos. Compartir felicidad, compartir welfare .
¿Usted está de acuerdo?
No sabría decir si Rifkin tiene razón o no. El dice que la tecnología resolverá el problema, que lo hará por nosotros. Para mí eso es una reedición del determinismo tecnológico que no me gusta. Me resulta improbable sugerir que la cuestión esté resuelta y que el éxito de la transformación en curso esté preestablecido. Un hacha se puede usar para cortar leña o para partirle la cabeza a alguien: mientras la tecnología determina la serie de opciones abiertas a los seres humanos, no determina cuál de estas opciones al final será elegida o descartada. Qué puede hacer el hombre es tal vez una pregunta que puede dirigirse a la tecnología. Pero qué hará el hombre debe preguntarse a la política, a la sociología, a la psicología. La gente está buscando alternativas a las instituciones que no están funcionando. Hacen lo que nadie hará por ellos. Eso es innegable.
Facebook, la tierra de la vigilancia voluntaria
Copyright Clarín, 2014.
“Mark Zuckerberg embolsó 50 millones de dólares apuntando a nuestro miedo de estar solos. Eso es Facebook”, nos dice Zygmunt Bauman en su reflexión sobre el rol de las redes sociales en la vida moderna. Y explica: “Nunca en la historia humana hubo tanta comunicación como hoy pero esta comunicación no desemboca en el diálogo, que es el desafío cultural más importante de nuestro tiempo. En Facebook jamás puede suceder que alguien se sienta rechazado o excluido. Siempre, veinticuatro horas al día, los siete días de la semana, habrá alguien dispuesto a recibir un mensaje o a responderlo”.
Bauman menciona un capítulo del ensayo del sociólogo y periodista bielorruso Evgenij Morozov, La ingenuidad de la red, titulado “Por qué la KGB quiere que te inscribas en Facebook”: “Millones de usuarios de Facebook corren carreras para hacer públicos los aspectos más íntimos y por lo tanto más inaccesibles de sus propias intimidades –dice Bauman-. Y no sólo eso: de tus propias relaciones sociales, de sus propios pensamientos. Las redes sociales son el terreno de una forma de vigilancia voluntaria, hecha en casa, preferible a las agencias especializadas en las que operan profesionales del espionaje.”